Fue tibia tu mirada,
grande y resplandeciente,
como esos despertares de otoño.
Senti el calor de tus labios frescos
con el ardor del fuego
y con ellos cosas que nunca escuché.
Nos encontramos en medio de la gente
en esa casa donde eras espectadora.
Éramos siluetas, imagenes del destino
que vienen y se alejan.
Miguel Muñoz.
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